Sí, la diversidad es rentable

Existen cada día más estudios que aseguran que las empresas dirigidas por mujeres son más rentables. Además, la diversidad supone un valor en alza entre los inversores.

Este no es un relato feminista. Ni mucho menos. Es un relato realista. Hablemos de datos. Que la desigualdad de hombres y mujeres está en la agenda de gobiernos, partidos y sociedad es un hecho irrefutable, aunque no en todos ellos con la misma intensidad ni convicción. Que lo esté también en el ámbito empresarial y, dentro de él, en los puestos de liderazgo, una realidad cada vez más frecuente. La desproporción entre hombres y mujeres en los consejos de administración de las grandes compañías no es un debate nuevo -que se lo digan si no a Eva Levy que lleva décadas trabajando en este sentido- pero sí son más recientes los datos que apuntan a que la diversidad, especialmente la de género, es rentable.

Y no sólo es rentable políticamente, con partidos abanderando la igualdad de oportunidades, la eliminación de los techos de cristal o la desaparición de la brecha salarial, sino económicamente, tanto desde el punto de vista de la cuenta de resultados como del atractivo inversor.

A mediados de 2016 un estudio elaborado por New Peterson Institute y EY revelaba que el incremento de mujeres en puestos de liderazgo dentro de las organizaciones provocaba un aumento significativo de la rentabilidad de sus empresas. El informe, llevado a cabo entre 21.000 empresas de 91 países, mostraba curiosas conclusiones sobre la rentabilidad de aplicar la diversidad de género en las empresas. Los resultados de este informe afirmaban que tener, al menos, un 30% de mujeres en puestos de liderazgo dentro de las organizaciones daba como resultado un 6% más de margen en sus beneficios netos. El director este estudio fue rotundo en sus conclusiones: "Independientemente de cómo retorzamos los datos, siempre obtenemos el mismo resultado: las mujeres en la alta dirección están asociadas con una mayor rentabilidad".

Obviamente estos datos no son uniformes en relación a los países y a sus políticas de igualdad de género, pero sí son homogéneos en cuanto a la relación entre liderazgo femenino y rentabilidad. Todos coinciden en que, a más mujeres directivas, mayor rentabilidad de las empresas. Y en ello avanzan con cautela aquellos países menos desarrollados que están trabajando en ofrecer a las mujeres nuevas oportunidades formativas, especialmente en lo que se refiere a la brecha digital, aunque el crecimiento en todo el mundo aún es muy lento, apenas un 2% anual en las principales industrias económicas.

Según elGlobal Gender Gap Report del Foro Económico Mundial de 2017, diversidad e inclusión son claves en la ventaja competitiva de las empresas, aunque apunta a que pasarán más de 200 años hasta que la igualdad total se produzca.

Este mismo año, Mckinsey publicaba otro estudio sobre la diversidad – y esta vez con un análisis pormenorizado de la situación en España- en el que se muestra la clara correlación entre una mayor proporción de mujeres en la dirección de las grandes compañías y la rentabilidad financiera y creación de valor de las mismas, con un 15% más de compañías propensas a experimentar una rentabilidad superior a la media de las empresas de su mismas características si eran dirigidas por mujeres.

Claudia Loring apunta en un artículo de La Vanguardia que este éxito para lograr la rentabilidad se debe básicamente al poder de la intuición de las mujeres; o a la maravillosa mezcla que señala la propia Levy: "Las mujeres aportan nuevos y complementarios enfoques. La mejor mezcla para los negocios es la audacia masculina con la ponderación femenina, que nos hace ver las cosas a medio y largo plazo".

Sin embargo, 9 de cada 10 socios de firmas de capital riesgo son hombres y ellos son los que deciden en qué compañías invertir. Y se sabe científicamente que el ser humano tiende a buscar colaboradores similares a nosotros, por lo que los hombres profesionalmente buscan a los hombres como las mujeres a sus iguales. De ahí, que las firmas de capital riesgo tiendan a escoger empresas dirigidas por hombres.

Invertir en diversidad

A pesar de que el sector financiero no es de los que menos mujeres tienen en posiciones de CEO, CFO o COO (frente al industrial, tecnológico, materias primas… en los que apenas existen), estas siguen siendo una gran minoría. Sin embargo, el criterio inversor basado no ya en si el CEO es hombre o mujer, sino en el tipo de políticas respecto al género que desarrollan las diferentes compañías, arroja una rentabilidad de 9 puntos por encima de aquellas que no las tienen. Estas son las compañías que empiezan a ponerse en el ojo del inversor que no sólo quiere un retorno, sino que quiere que éste se base en criterios de diversidad muy claros.

Bloomberg creó en 2016 el Índice de Equidad de Género en los Servicios Financieros (BFGEI), índice de referencia que mide la igualdad de género en las estadísticas internas de las empresas, las políticas de los empleados, el apoyo y la participación de la comunidad externa y las ofertas de productos conscientes de género. Hubo una nueva edición en 2017 y, en la de este año, que se ha llamado Índice de Equidad de Género (GEI) Multisectorial se han incluido 100 nuevas empresas de 10 diferentes sectores de 24 países tras incluir todas las industrias. Por su parte, compañías como AXA IM han incluido la igualdad de género dentro de sus temáticas de inversión, con productos basados en estos criterios. Y, además, han recibido la certificación EDGE (Economic Dividends for Gender Equality) en reconocimiento a su compromiso con la igualdad de género en el lugar de trabajo y sus buenas prácticas. De hecho, AXA IM se ha marcado como uno de sus objetivos para 2020 que las mujeres representen el 40% de sus ejecutivos principales de acuerdo con el objetivo establecido por la Women in Finance Charter. Pero esto son solo dos ejemplos. Es evidente que tendencia es imparable.